Capítulo I, página 2
Cuando Josefina reaccionó ya era de día. Poco a poco abrió los ojos y empezó a vislumbrar su habitación. La luz atravesaba las ventanas de una forma translucida y se podía oír el canto de los pájaros en los árboles aledaños a su ventana.
Josefina se incorporó sintiendo un agudo dolor en su cabeza y recordando lo que había visto.
- Tal vez fue sólo mi imaginación, pensó.
Sin embargo cómo podía haber sido su imaginación si se encontraba en el suelo debido al desmayo por la impresión de haber visto a Alfonso.
Pero cómo podía haber visto a Alfonso, si él llevaba muerto más de 2 años.
Josefina y Alfonso se habían conocido en una noche de antro. Ambos frecuentaban el mismo bar todos los sábados. Era como un ritual para ellos. Ambos se sentían atraídos, pero ninguno decía nada. Es más, hacían como si ni siquiera se veían.
La noche en que por fin se conocieron se encontraron en la puerta del antro. Ambos se vieron a los ojos, pero no sonrieron ni coquetearon, sólo se vieron. Después de unas bebidas y de unos bailes, Josefina sintió la necesidad de ir al baño, así que le dijo a su mejor amiga, Mary, que la acompañada, quien se negó, ya que estaba muy cansada del baile y sólo quería sentarse.
Josefina se levantó y fue al baño. Antes de regresar se retocó el maquillaje, se peinó y lavó sus manos. Al abrir la puerta se topó de frente con Alfonso. Y se miraron fijamente.
Ella lo encontraba especialmente atractivo porque tenía una barba tupida muy negra, su cabello estaba peinado de forma extravagante, como si estuviera despeinado. Era delgado y no muy alto, pero el contraste de su blanca piel, con su barba y cabello negro era algo que le encantaba a Josefina.
Por su parte ella nunca se consideró bella. Siempre había sido un poco más gorda que los demás. En secundaria todos se burlaban de ella debido a eso, y en preparatoria era muy popular porque era buena gente y divertida, pero nunca fue asediada por los chicos ni mucho menos. Sin embargo, durante sus estudios universitarios, en su trabajo, comenzó una dieta rigurosa y al paso de los meses ya era una Josefina diferente. Era delgada, su tez aperlada y su cabello castaño oscuro llamaba la atención de los hombres que volteaban a verla. Ella se dio cuenta y decidió que debía sacar partido de su nuevo semblante.
En fin, al salir del baño y pasar al lado de Alfonso, éste le tomó del brazo y la acercó hacia él; gentil, pero firmemente. Ella no se resistió, se dirigió hacia él y sonrió.
Josefina se incorporó sintiendo un agudo dolor en su cabeza y recordando lo que había visto.
- Tal vez fue sólo mi imaginación, pensó.
Sin embargo cómo podía haber sido su imaginación si se encontraba en el suelo debido al desmayo por la impresión de haber visto a Alfonso.
Pero cómo podía haber visto a Alfonso, si él llevaba muerto más de 2 años.
Josefina y Alfonso se habían conocido en una noche de antro. Ambos frecuentaban el mismo bar todos los sábados. Era como un ritual para ellos. Ambos se sentían atraídos, pero ninguno decía nada. Es más, hacían como si ni siquiera se veían.
La noche en que por fin se conocieron se encontraron en la puerta del antro. Ambos se vieron a los ojos, pero no sonrieron ni coquetearon, sólo se vieron. Después de unas bebidas y de unos bailes, Josefina sintió la necesidad de ir al baño, así que le dijo a su mejor amiga, Mary, que la acompañada, quien se negó, ya que estaba muy cansada del baile y sólo quería sentarse.
Josefina se levantó y fue al baño. Antes de regresar se retocó el maquillaje, se peinó y lavó sus manos. Al abrir la puerta se topó de frente con Alfonso. Y se miraron fijamente.
Ella lo encontraba especialmente atractivo porque tenía una barba tupida muy negra, su cabello estaba peinado de forma extravagante, como si estuviera despeinado. Era delgado y no muy alto, pero el contraste de su blanca piel, con su barba y cabello negro era algo que le encantaba a Josefina.
Por su parte ella nunca se consideró bella. Siempre había sido un poco más gorda que los demás. En secundaria todos se burlaban de ella debido a eso, y en preparatoria era muy popular porque era buena gente y divertida, pero nunca fue asediada por los chicos ni mucho menos. Sin embargo, durante sus estudios universitarios, en su trabajo, comenzó una dieta rigurosa y al paso de los meses ya era una Josefina diferente. Era delgada, su tez aperlada y su cabello castaño oscuro llamaba la atención de los hombres que volteaban a verla. Ella se dio cuenta y decidió que debía sacar partido de su nuevo semblante.
En fin, al salir del baño y pasar al lado de Alfonso, éste le tomó del brazo y la acercó hacia él; gentil, pero firmemente. Ella no se resistió, se dirigió hacia él y sonrió.
